Florent Marcellesi

«Si todos vivieran como los españoles, necesitaríamos tres planetas»

In cambio climático, ecología política on 16 enero 2012 at 6:28

Florent Marcellesi, activista y teórico de la ecología política.

Entrevista en el periódico La Verdad (10.01.2012), realizada por  Miguel Ángel Muñoz.

Uno de los teóricos más importantes de la denominada ecología política ofreció una charla en el edificio Moneo de Murcia para explicar los principales conceptos de esta ideología ‘verde’ y las respuestas que puede dar a la recesión económica. En opinión del francés Florent Marcellesi, las tres palabras claves para definirla son responsabilidad, autonomía y solidaridad. Ante la actual crisis climática, acentuada tras el fracaso de la cumbre climática de la ONU celebrada en Durban, aboga más que nunca por una democracia participativa y ecológica como punto de partida para hacer frente a los cambios que se van a producir como consecuencia del calentamiento global.

-¿Qué es ecología política?

-Un sistema de pensamiento global y autónomo que busca alcanzar justicia social y ambiental para las generaciones presentes y futuras, tanto en el norte como en el sur y extendiendo el concepto de solidaridad al resto de seres vivos. La ecología política responde a unas necesidades históricas concretas marcadas por las múltiples crisis actuales: ecológica, social, democrática, ética, en definitiva, civilizacional. Ante la oportunidad y necesidad de cambio que trae consigo el siglo XXI, nuestro mayor reto es inventar una sociedad donde seamos capaces de ser felices como seres humanos, dentro de los límites ecológicos de un planeta finito y de forma democrática.

-¿Qué soluciones aporta a la crisis actual, tanto la económica como la climática?

-Esta ideología plantea una transformación ecológica, social, democrática y ética de la sociedad. Esto pasa por relocalizar la economía en torno a actividades poco intensivas en energía, pero sí en mano de obra, que desmantelen la lógica social del consumismo. Al mismo tiempo, necesitamos invertir masivamente en tecnologías y energías limpias, en la mejora de los ecosistemas, en los sectores sostenibles, la autosuficiencia energética y la soberanía alimentaria.

-¿Qué medidas concretas se deberían adoptar en el sector financiero para no perjudicar al medio ambiente?

-Es prioritaria una regulación drástica y la conversión de la banca ética en norma para el sector financiero. También se debería construir una macroeconomía ecológica que integre las variables ecológicas y donde la estabilidad no dependa del crecimiento, que la productividad del trabajo no sea el factor determinante y, sobre todo, se supere definitivamente el PIB como indicador principal de riqueza. Para todo esto y como instrumento vertebrador de una transición exitosa, tenemos que poner en marcha una democracia participativa y ecológica.

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-¿Es posible en estos tiempos una economía ‘verde’?

-Considero que ahora más que nunca es necesaria una transformación ecológica de la economía para desarrollar sectores ricos en empleo ‘verde’ (agricultura ecológica, cuidados a las personas, economía social, energías renovables, etc.) y, a la vez, una contracción para los que exigen mucha energía fósil y especulación financiera (industria manufacturera, sector automovilístico, pesca industrial, bancos y seguros, etc.). Es lo que denominamos el ‘New Deal Verde’, que se basa en el famoso ‘New Deal’ que el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt puso en marcha para contrarrestar la crisis de los años 30. Ante la crisis y el desempleo de masas, nuestra generación necesita un cambio urgente de las normas laborales: trabajar menos para vivir mejor hoy y para que las generaciones futuras puedan simplemente vivir. Una política laboral eficiente y compatible con la ecología y la equidad es un ejercicio de realidad a la altura de los retos sociales y ambientales del siglo XXI. Ahora mismo, para mantener todo lo que estamos produciendo, sería suficiente trabajar una media de 25 horas a la semana.

-Unas de las teorías que explica en sus charlas es el decrecimiento como una propuesta para salir de la crisis. ¿En qué consiste?

-El decrecimiento parte de la base de que no existe un crecimiento infinito en un planeta finito. Salir del dogma del crecimiento y de la dictadura del PIB, reducir drásticamente la huella ecológica; es decir, el impacto que tienen las sociedades sobre el medio ambiente, o combinar justicia social y ambiental dentro de los límites del planeta, son las bases del ecologismo político y social. En este marco, el decrecimiento es más bien una herramienta que obliga a reflexionar sobre la situación actual del mundo. La ecología política se refiere al conjunto de valores, propuestas e ideas que conforman la ideología ‘verde’. Ambos conceptos tienen como objetivo un cambio de paradigma social, cultural y económico hacia la construcción de sociedades que sepan vivir en armonía con su entorno.

-¿Cree que uno de los principales problemas de la sociedad actual es que no es consciente de que los recursos naturales son finitos?

-Hay que concienciarse de que no podemos seguir viviendo en un sistema socio-económico por encima de los límites ecológicos del planeta. Si todas las personas del mundo vivieran como los españoles, necesitaríamos tres planetas. Si cada hogar en países como China o India pretendiera tener su propio automóvil, un centro comercial cercano y los más adinerados, una piscina, sería totalmente insostenible. Tarde o temprano tendremos que volver a un ritmo acorde con la biocapacidad de la Tierra.

-Hace unas semanas se celebró la Cumbre de la ONU sobre Cambio Climático en Durban. ¿Considera que ha servido para algo?

-Ha sido un fracaso. No deja de sorprenderme la incapacidad de los líderes mundiales para dar una respuesta a la altura de la gravedad de la situación. La firma de un acuerdo ‘in extremis’ no puede esconder una huida hacia delante de los jefes de Estado y negociadores, más preocupados por la reconfiguración de los intereses geopolíticos a escala mundial que por la lucha por los recursos naturales. El principal problema es que no se cumplen las pocas promesas de cumbres anteriores de no superar un aumento de dos grados en comparación con los niveles preindustriales. La puesta en marcha en 2020 de un nuevo acuerdo vinculante llegará demasiado tarde. Hace poco, la Agencia Internacional de la Energía ponía 2017 como fecha límite para acotar el incremento de temperaturas antes de alcanzar niveles irreversibles. Tras los compromisos de Durban, superaremos los cuatro grados a finales de siglo. Además, se ha vaciado de su sustancia al protocolo de Kyoto, que solamente representará un 15% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, puesto que se quedan fuera de él países como China, India, Estados Unidos, Canadá y Japón, los principales contaminadores.

-Entonces, ¿cuáles son las perspectivas de futuro?

-Lo que es evidente es que estas cumbres climáticas ya sirven para muy poco. Se van a imponer nuevas estrategias, como alianzas entre movimientos de justicia ambiental, social y democrática a nivel local y mundial para impulsar los cambios que no dan los jefes de Estado. Ha sido interesante descubrir en Durban los ‘indignados climáticos’, una mezcla entre los movimientos de justicia climática y los ‘indignados’ de la Puerta del Sol y de Wall Street. También se va a utilizar la mayor parte de los recursos y energías disponibles para construir sociedades resilientes y cohesionadas, es decir, preparadas para adaptarse y enfrentarse a los cambios bruscos y profundos que se van a producir.

-Adaptarse o morir

-Después de las no decisiones que se han adoptado en Durban, veo muy complicado que se produzcan reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero a corto y medio plazo. Por tanto, hay que incidir en la adaptación. Hay dos problemas principales en las sociedades actuales: el cambio climático y la excesiva dependencia del petróleo. El desafío para el futuro es conseguir sociedades que se enfrenten a estas dos cuestiones a la vez. Es imprescindible que actuemos todos. Todavía está en nuestras manos cambiar el futuro, pero para hacerlo tenemos que movernos tanto de forma individual como colectiva, porque el cambio tiene que ser estructural. La cumbre de Durban es un buen ejemplo de que no podemos dejar el cambio en manos de los actuales gobernantes.

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Créditos fotos: Fran Manzarena / AGM

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