Florent Marcellesi

Construir otro modelo, basado en la justicia social y ambiental

In ecología política, Economía on 5 junio 2013 at 10:01

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Entrevista a Florent Marcellesi, investigador y activista ecologista, publicada en la revista Enbata, junio del 2013. La versión francesa de la entrevista está disponible aquí.

El consenso científico sobre los límites físicos de nuestro planeta nos tendría que llevar a tomar conciencia que es ahora imposible construir un proyecto de largo plazo basado en el crecimiento de la producción económica de un país o de su Producto Interno Bruto. Este nuevo elemento tendría que llevar grandes partes de la opinión pública a aceptar, incluso desear, una reconversión ecológica de la economía. Pero no es así. El abandono del dogma del crecimiento preocupa, también en la izquierda : miedo de una “vuelta atrás”, de penurias o de paro. ¿Cómo asociar límites ecológicos, objetivos sociales y coherencia económica hacia una desarrollo sostenible? Florent Marcellesi, ingeniero y urbanista, investigador ecologista y decrecentista, aporta sus reflexiones a Alda!, al margen de su participación en la conferencia-debate “¿Qué transición ecológica de la economía para el País Vasco?”

Enbata: Nacido en Angers (Francia), es usted ingeniero y urbanista,  investigador ecologista y activista decrecentista, radicado en Euskadi desde algunos años. ¿Nos puede describir su actividad allí y su labor en torno a la transición ecológica de la economía en el País Vasco?

Florent Marcellesi: Soy un investigador-activista que dedica su fuerza de trabajo no solo a criticar la sociedad de crecimiento actual sino también a imaginar (y poner en práctica) cómo sería una sociedad post-crecimiento y sobre todo cómo alcanzarla. Esta última parte (el “cómo hacer”), es lo que llamamos comúnmente la “transición”, es decir el hecho de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto que proyectamos en el futuro.

Por su parte, el modelo actual está gravemente enfermo. Basado en el crecimiento infinito en un planeta finito, vive una profunda crisis existencial que es a la vez ecológica, social, económica, ética y democrática. Y lo peor, ¡es que cuestiona incluso la supervivencia civilizada de la humanidad! Es hora por tanto de construir otro modelo, basado en la justicia social y ambiental (para las generaciones presentes y futuras, en el Norte y en el Sur). Para ello, necesitamos una transición ecológica de la economía y de la sociedad: se trata de una propuesta para una salida ordenada fuera de la economía del crecimiento y de las lógicas industriales y fordistas (donde priman la cantidad, el siempre más) hacia otra economía, otra sociedad, donde priman la sostenibilidad, la calidad, la solidaridad y la participación ciudadana.

Enbata: La transición ecológica y social presentada así parece ser una evidencia. Para pasar de las palabras a los hechos, hay que abordar su financiación… ¿Cómo se pondrá en marcha teniendo en cuenta que se trata de un proyecto a medio-largo plazo… y mientras nos repiten una y otra vez que las arcas están vacías?

FM: Sin duda, una transición ecológica cuesta dinero… pero mucho menos por ejemplo que lo que gastamos hoy en subvenciones a las energías fósiles o para los presupuestos militares! Primero, es por tanto una cuestión de prioridades políticas y económicas: ¿queremos seguir financiando un sistema económico en declive o apostar por otro de futuro, basado en la sostenibilidad y la justicia social?

Por ejemplo, con Jean Gadrey y Borja Barragué (en el libro Adiós al crecimiento), calculamos que es posible recaudar anualmente en España, sin necesidad de crecimiento y sin castigar las clases populares, por lo menos 40.000 millones de euros (reforma fiscal, supresión de los “regalos” a las clases más ricas, lucha contra la evasión fiscal y los paraísos fiscales, reducción de los gastos militares, etc.). Los recursos existen, ¡lo que falta es voluntad política! Por otro lado, recordemos que una transición ecológica es también una apuesta por la sobriedad y pasar del “poder adquisitivo” al “poder del vivir bien”. Así pues no es solo una cuestión de dinero sino también de valores como la solidaridad, la ecología, la autogestión y la ciudadanía. La transición se financia también a través de un cambio de valor, de prioridades y de horizonte.

Enbata: La mayoría de las medidas ecológicas tienen fama de ser antisociales… ¿Nos puede decir/presentar cómo utilizar la indispensable transición ecológica para mejorar la justicia social y proteger las poblaciones más vulnerables?

El cambio de modelo productivo hacia actividades verdes es una fuente muy rica en empleos sostenibles y decentes. Calculamos por ejemplo que en la Comunidad autónoma del País Vasco y en Navarra se podrían crear más de 100.000 empleos de aquí a 2020 y en el conjunto de España un millón; eso, con una política ambiciosa de reconversión ecológica de la economía, es decir un trasvase de las actividades no sostenibles (automóvil, energías fósiles, armas, etc.) hacia actividades sostenibles (rehabilitación de edificios, energías renovables, agricultura ecológica, etc.). Esta gran transformación combina perfectamente justicia social y ambiental.

Por otra parte, la transición ecológica no puede llevarse a cabo sin una redistribución de las riquezas y del trabajo. Significa concretamente que es necesario instaurar:

  • Una renta básica de ciudadanía, universal e incondicional, es decir que toda la gente, independientemente del hecho de tener un empleo o no, pueda tener sus necesidades básicas cubiertas.
  • Una renta máxima. No es solo una cuestión de decencia y cohesión social sino también de prioridad para limitar la degradación medioambiental.

Por último, la reducción de la jornada laboral y el reparto del trabajo (ya sea productivo o reproductivo) son medidas estructurales centrales. Tienen como objetivos garantizar una mayor justicia social y protección del planeta (existe por ejemplo una correlación directa entre reducción de la jornada laboral y disminución de las emisiones de CO2).

Enbata: ¿Qué transición necesaria tendremos que poner en marcha entre el modelo económico dominante y estos otros modelos que imaginamos y experimentamos en diferentes lugares? Es decir, ¿cómo hacer para que el “vivir y trabajar en el país” deseado por una gran mayoría sea una alternativa creíble teniendo en cuenta los obstáculos presentados como “insuperables” que desmotivan al ciudadano de a pie de calle (la competencia internacional, la crisis, los “hábitos/dependencias” de compra (fomentados por la publicidad) hacia siempre lo más barato, etc.)?

FM: Se trata de un proyecto a diferentes escalas, sociales e institucionales, locales, regionales y europeas. De hecho, la transición ecológica y las nuevas solidaridades ya están en marcha: se trata de reforzarlas, extendiendo y estructurando nuestras iniciativas y nuestras redes (a través de monedas locales, de cooperativas de vivienda, de energía, de consumo, de finanzas éticas, etc.), yendo a buscar con humildad apoyos y nuevas ideas más allá de los círculos reivindicativos clásicos, cooperando cada vez más y mejor a nivel local y global, entre grupos heterogéneos y sabiendo cristalizar nuestros avances en las instituciones y en la sociedad.

Al mismo tiempo para llevar a cabo esta gran transformación, es imprescindible un cambio cultural y de mentalidad, es decir modificar profundamente nuestras expectativas personales y colectivas en torno a la producción, al consumo y al trabajo. Todo esto pasa por una redefinición democrática del proyecto social deseable y realista según la biocapacidad disponible, las necesidades colectivas y el nivel de consumo aceptable en este marco, y cómo invertir nuestra fuerza de trabajo para hacerlo realidad.

Enbata: ¿Existen ejemplos concretos donde vemos la transición ecológica en marcha?

FM: Existe un caso muy interesante en el norte de Francia: el pueblo de Loos-en-Gohelle. Este municipio, de tradición minera y de 8.000 habitantes, se ha convertido en un verdadero laboratorio de la transición ecológica, basándose en la reconversión verde de la economía (bioconstrucción, energías renovables, investigación y desarrollo, movilidad sostenible, etc.), la democracia participativa, la transversalidad de sus políticas (sociales, económicas y ecológicas), una visión de largo plazo (a la vez global y local), el cambio cultural y el papel central de la memoria y de la identidad minera.

Enbata: Para profundizar, ¿tiene usted contactos/referencias?

Además de mi último libro “Adiós al crecimiento” donde profundizamos en todas estas cuestiones (dentro de poco, publicaré también un monográfico sobre la “transición ecológica de la economía”), recomiendo acercarse a todas aquellas iniciativas locales como las ciudades en transición, la soberanía alimentaria y la agroecología, las monedas locales, la banca ética, el movimiento cooperativista y la economía social y solidaria, que ponen en marcha las ideas de transformación social y ecológica. Una web muy interesante en este sentido que agrupa a muchas propuestas concretas en temas de salud, alimentación, vivienda, ropa, cultura, etc. es la siguiente: http://mecambio.net/ El cambio ya está aquí, es hora de ejercer el poder que está en nuestras manos.

Artículos relacionados:

  1. Considero que para la transición hacia la democracia participativa se podría iniciar de a poco, progresivo.

    Digamos que con el voto electrónico, los pueblos deciden temas de importancia social, al menos una vez al año.

    Los pueblos tendrían que empezar a administrar su dinero, al menos un porcentaje progresivo, podría ser para, con establecidas reglas del juego, incentivar a la población por la presentación de forma verbal o escrita, de propuestas, proyectos, soluciones, etc., compendio a ser difundido. Para financiar proyectos por el pueblo escogidos, hasta para escoger una determinada cantidad de personas o instituciones, nacionales o extranjeras, y para acreditarles una determinada cantidad de dinero, etc.

    Son cambios y avances que nos brindaría una nueva, saludable y evolucionada experiencia social y es que existen tal cantidad de posibilidades factibles que el asunto se vuelve en verdad revolucionario pero esta vez de forma pacífica, talentosa, acorde a los tiempos de transición hacia el estado de consciencia con valor agregado, expandida. Cordiales saludos,

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