Florent Marcellesi

Las pensiones y el fin del crecimiento

In ecología política, Economía on 27 febrero 2013 at 10:22

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Florent Marcellesi, Coordinador de Ecopolítica, Jean Gadrey, economista y miembro del consejo científico de ATTAC Francia, Borja Barragué, investigador de la Universidad autónoma de Madrid. Son coautores del libro “Adiós al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible” (El Viejo Topo, 2013).

Publicado en Diario Público, el 27 de febrero del 2013.

El futuro de las pensiones se plantea con demasiada frecuencia basándose en el crecimiento económico infinito y olvidando completamente la crisis ecológica. Se nos dice a menudo, incluso desde la izquierda, que si el Producto Interior Bruto (PIB) fuese en 2050 más del doble que en 2013 (o sea, una tasa de crecimiento medio del 1,9% anual), no habría un verdadero problema de financiación: si el «pastel» aumenta, puede distribuirse una mayor parte a las personas jubiladas sin quitarle nada a nadie. Es el argumento que, por ejemplo, encontramos en el artículo de Vicenç Navarro publicado el 6 del 2013 en El País (disponible en su blog). Dada nuestra cercanía ideológica con este autor en torno a la cuestión de la justicia social, el propósito de este artículo es debatir algunas de sus aserciones para que los movimientos transformadores integren el fin del crecimiento en sus reflexiones y en su práctica.

Vicenç Navarro comienza su argumentación mediante la constatación de un hecho según él de especial importancia: “El del aumento de la productividad, es decir, que un trabajador dentro de 40 años producirá mucho más que un trabajador ahora” (…) “casi el doble en 2050 que ahora, con lo cual podría mantener casi al doble de pensionistas.” Esta visión se fundamenta en considerar los aumentos de productividad como intrínsecamente positivos, sin cuestionar su calidad y orientación. En este sentido, el caso del sector agrícola, que Vicenç Navarro tomó como ejemplo, es paradigmático. Comenta que “hace 40 años el 18% de los españoles adultos trabajaba en la agricultura. Hoy solo el 2% lo hace, y este 2% produce mucho más de lo que producía [el 18%] hace 40 años.” Sin embargo, el sistema agroalimentario global ha conseguido producir tanta cantidad con tan poca mano de obra sobreexplotando los recursos naturales (y las personas). Es un modelo insostenible (e injusto) que requiere enormes cantidades de petróleo para fertilizantes, pesticidas, ultra-mecanización del campo, transporte globalizado, refrigeración, etc. y es responsable de hasta el 57% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. En la era del crecimiento, buena parte de los aumentos de productividad alcanzados por la sociedad industrial son productivistas, es decir, nocivos para la sostenibilidad.

Por supuesto, eso no significa que todos los aumentos de productividad sean contraproducentes. En ciertos sectores, como puede ser la agroecología, las energías renovables, la movilidad sostenible, etc., hay aumentos de productividad defendibles desde un punto de visto ecológico y social. Sin embargo, durante la transición hacia una sociedad justa y ambientalmente viable, disminuirá la productividad en muchos sectores en los que se pasaría de producciones «insostenibles» a producciones «sostenibles» con respecto a las redes antiguas dado que hace falta más trabajo (un 30% más en la agricultura ecológica por ejemplo) para producir las mismas cantidades con menos energía. Dicho de otro modo, una cesta de agricultura ecológica relocalizada es menos “productiva” que una cesta de agricultura intensiva globalizada, pero es más saludable y más respetuosa del medioambiente y de las generaciones futuras. Por tanto, una sustitución virtuosa (menos desempleo, menos energía) se traducirá por una disminución de los aumentos de productividad en términos económicos clásicos.

Segundo, Vicenç Navarro argumenta que “si la productividad creciera un 1,5% por año, que es el promedio de crecimiento en los últimos 50 años, el PIB de España en 2060 sería 2,20 veces mayor que en 2007” (lo cual significaría que en 2060 quedaría mucho más dinero tanto para pensionistas como para no pensionistas). Sin embargo, el incremento medio de productividad en los últimos 50 años esconde otra realidad menos entusiasta: en este mismo periodo de tiempo ha habido una decadencia estructural de los aumentos de productividad (en España, oscilaba en los años 70 entre el 3% y el 6% y desde los años 2000 entre el 0% y el 2%) y es muy probable que siga así, sobre todo en los sectores productivistas. En este sentido, contrariamente a las tesis clásicas, asistiremos a escala macroeconómica a una fuerte caída de los aumentos de productividad y, por tanto, del crecimiento cuantitativo, debido al agotamiento de los recursos naturales (principalmente fósiles) y el cambio climático. Puesto que no existe progreso tecnológico que nos vaya a sacar de la crisis ecológica (que es a la vez energética, climática y alimentaria), hay motivos suficientes para pensar que los países de la OCDE van a salir del breve periodo de su historia en que los aumentos de la productividad, fuente esencial de su crecimiento (de las cantidades), han constituido el núcleo de su modelo económico y del progreso.

Pero incluso concediendo que fuera posible, ocurre que no es deseable volver a la senda del crecimiento, aún menos tal y como se ha venido produciendo éste en los últimos años en España. Desde el punto de vista ecológico, el crecimiento no es la solución, sino más bien el problema. Por ejemplo, sólo con un ligero aumento del PIB mundial (¡ni siquiera del español!) de un 1% anual y una hipótesis de mejoras tecnológicas muy optimista, ya superaríamos en 2050 en un 25% las metas de disminución de emisión de gases de efecto invernadero que evitarían un aumento de temperatura de más de dos grados (umbral crítico a no superar según la comunidad científica).

Ya es hora de cuestionar la paradoja que consiste en defender los derechos de las generaciones futuras ante al cambio climático y en olvidar esta variable cuando se trata de sus pensiones a largo plazo. He aquí algunas propuestas para imaginar “unas pensiones sin crecimiento” (algunas propuestas coinciden, sin duda alguna, con otras de V. Navarro):

  1. Las pensiones de las generaciones futuras no requieren crecer más, sea como sea el crecimiento, sino distribuir la riqueza ya existente así como reducir las desigualdades. Significa hacer un balance de los miles de millones de euros recuperables anualmente sin crecimiento cuantitativo tomando el dinero de ahí donde está (plusvalías, economía sumergida, presupuestos militares, etc.).
  2. Desarrollar los servicios fuera de la lógica mercantil (salud, cultura, movilidad…) y el acceso a las riquezas no económicas (vínculos sociales, participación, naturaleza…) para fomentar el «vivir-bien» de las personas mayores en un mundo sostenible. Al centrarse en el poder adquisitivo, se confunde el «poder de vivir bien» con el «poder pagar» y se profundiza en la mercantilización del mundo.
  3. De este modo, favorecer los ingredientes del vivir bien de los jubilados en una sociedad sostenible en torno a cuatro pilares: autogestión, solidaridad, ciudadanía y ecología. Ello, sin duda, implica recursos financieros, pero de forma sobria y compartida.
  4. Fijar una renta máxima definida como un múltiplo razonable de una renta básica de ciudadanía decente para poner fin a la pobreza monetaria, como la de las personas mayores (en especial las mujeres). Eso sería económica, social y ecológicamente eficiente, y garantizaría el poder adquisitivo de las bajas y medias pensiones más proclives a caer en situaciones de riesgo de pobreza y exclusión social.
  5. Reflexionar sobre la financiación de las pensiones y de los servicios colectivos gratuitos o subvencionados, públicos o asociativos, dedicados a la mejora de la calidad de vida de las personas mayores y a sus actividades en la ciudad, lo cual sería decisivo para las personas de ingresos modestos.
  6. Promover una sociedad con altas tasas de empleo remunerado y sin crecimiento de las cantidades: es posible combinando aumentos de la sostenibilidad y de la calidad como fuentes de valor agregado, distribución equitativa del trabajo, reducción de la jornada laboral y de las desigualdades. Este tipo de “pleno empleo” (verde y decente) es una importante baza para la financiación de las pensiones.
  7. Mantener el derecho a una jubilación de buena calidad a los 65 años. A la vez que redistribuye el trabajo, relativiza la influencia excesiva del trabajo sobre la vida y sobre la Naturaleza. Para las personas mayores asociadas a algún tipo de organización no lucrativa, no faltan precisamente las actividades de voluntariado de utilidad social y ecológica.
  8. Luchar por la igualdad de las mujeres y los hombres con respecto al empleo de calidad y a los salarios. Buscar la igualdad profesional de género sería una enorme fuente de riqueza económica, con un resultado final de empleos socialmente útiles. Ello permitiría sumar varias decenas de miles de millones de euros a la financiación de la protección social.

El debate sobre las pensiones no puede escapar de la crisis ecológica y del fin de la era del crecimiento. Es un imperativo que los movimientos transformadores integren esa realidad y hagan propuestas novedosas para combinar a la vez justicia social y sostenibilidad ecológica.

Artículo relacionado: Adiós al crecimiento. Vivir bien en un mundo solidario y sostenible” (El Viejo Topo, 2013).

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  1. […] Florent Marcellesi, Coordinador de Ecopolítica, Jean Gadrey, economista y miembro del consejo científico de ATTAC Francia, Borja Barragué, investigador de la Universidad autónoma de Madrid. Publicado en Diario Público, el 27 de febrero del 2013. El futuro de las pensiones se plantea con demasiada frecuencia basándose en el crecimiento económico infinito y olvidando completamente la crisis ecológica. Se nos dice a menudo, incluso desde la izquierda, que si el Producto Interior Bruto (PIB) fuese en 2050 más del doble que en 2013 (o sea, una tasa de crecimiento medio del 1,9% anual), no habría un verdadero problema de financiación: si el «pastel» aumenta, puede distribuirse una mayor parte a las personas jubiladas sin quitarle nada a nadie. Es el argumento que, por ejemplo, encontramos en el artículo de Vicenç Navarro publicado el 6 del 2013 en El País (disponible en su blog). Dada nuestra cercanía ideológica con este autor en torno a la cuestión de la justicia social, el propósito de este artículo es debatir algunas de sus aserciones para que los movimientos transformadores integren el fin del crecimiento en sus reflexiones y en su práctica. Vicenç Navarro comienza su argumentación mediante la constatación de un hecho según él de especial importancia: “El Source: Florent Marcellesi   […]

  2. No podría estar más de acuerdo con tus planteamientos y observaciones, Florent.

    La causa de la crisis futura de las pensiones no está en la pirámide demográfica como apuntó equivocadamente Felipe González, aunando sus tesis con las de los neoliberales “bilderberguianos”.

    Y también están equivocados quienes, como algunos de los compañeros de ATTAC, no se percatan de la imposibilidad del crecimiento indefinido de la productividad global de la economía, por el agotamiento de los recursos físicos del planeta.

    El talón de Aquiles de las pensiones es el mismo que el de toda la sociedad:

    El fin de la era del crecimeinto indefinido, por haber llegado a los límites físicos de nuestro planeta. Y el primero de ellos y el más importante, hace años que está con nosotros (2008), por mucho que haya quienes lo quieran negar: EL PEAK-OIL

    Las pensiones, como el resto de los ingresos de los ciudadanos de los países imperialistas de Occidente, que hemos dilapidado los recursos de los países colonizados, ahora comercialmente colonizados, se reducirán de manera significativa, lo cual no es sinónimo de que no se deba exigir y conseguir una expropiación drástica de los recursos de quienes atesoran y se reparten la mayor parte del pastel.

    La cantinela con la que nos has estando adormeciendo durante los últimos años, de que lo que hay que hacer es que el pastel crezca, para que haya pastel patra todos, se ha demostrado que es intrínsecamente perversa: EL PASTEL NO DEBE, NI PUEDE CRECER. LO QUE HAY QUE HACER ES QUE LOS TROZOS SEAN IGUALES, AUNQUE SEAN MÁS PEQUEÑOS, QUE LO QUE HUBIERAN SIDO LOS TROZOS QUE NOS HUBIERAN TOCADO HOY, SI EL REPARTO HUBIESE SIDO EQUITATIVO.

    Saludos “infracturables” (por lo del “fracking”)

    AMADEUS

  3. Hola Florent, voy a escribirte mejor por aquí que por twitter en 140 caracteres no hay forma de entablar conversación alguna mínimamente compleja. De entrada como te dije, sigo tu blog y comparto las problemáticas que abordas, desde la falta de redistribución, como al crecimiento ilimitado, perspectiva falta de realidad en un mundo de recursos ilimitados, los economistas son los primeros que engloban en sus teorías el problema de la escasez, y las bases de un modelo de desarrollo basado en energías no renovables son a su vez insostenibles para la naturaleza, por sus enormes consecuencias negativas….Pese a todo, hay que conocer como funcionan los componentes del PIB, cierto que tal indicador no tiene en cuenta el agotamiento de recursos ni los costes externos que se produce de la producción o del consumo, algo que creo puede abordarse, no se con cuanta limitación, a través de una eficaz regulación, pero creo que en cuanto al cambio de modelo hacia uno sostenible estaríamos hablando de una disminución del consumo de materias primas y energía sucia antes que del decrecimiento de la producción global. Ante todo, voy a centrarme en como funcionan la economía de forma general, a través de los componentes del PIB. PIB = C+I+G+ (X-M)…como bien demuestra la teoría keynesiana, la ocupación depende del consumo y de la inversión, y esto a su vez del ingreso neto o Renta Disponible, un aumento en el consumo o en la inversión produce un aumento en la producción…¿Problemas aquí para abordar la conexión actualmente entre tales variables? Pues es evidente, que lo primero que hacen las personas es consumir para satisfacer sus necesidades primarias, lo demás lo ahorran, y quienes mayor ingreso neto tengan más ahorraran, y este ahorro iría a parar a la inversión y a crear puestos de trabajo al consumir equipos de capital…bien, el problema de las enormes desigualdades es que mientras la mayoría apenas tiene para satisfacer sus necesidades primarias, quienes acumulan no reinvierten en economía productiva, sino en economía especulativa, esto es cuestión de incentivos, no puede ser que el riesgo en actividades especulativas sea asumido por los estados como estamos viendo al rescatar bancos como que no se prime la inversión en economía productiva. Bueno a lo que iba, una mayor redistribución, que es uno de tus puntos, llevaría a un mayor consumo y por tanto a una mayor producción, no necesariamente tiene que llevar a una mayor ocupación a los niveles de productividad actual o si…podrían repartirse más las horas de trabajo o a través de transferencias establecer una renta básica, siempre sin romper los incentivos a trabajar claro, el caso que sea de una u otra forma aumentaría el consumo y habría una mayor redistribución…y con ello un mayor crecimiento, así como los servicios de NO mercado, también incluidos en el PIB, tienen un efecto multiplicador sobre el crecimiento, (algunos estudios muestran que es a partir de cierto nivel de renta media)…por tanto los efectos aqui no son de decrecer, sino de crecer, y que hay que abordar ese “equilibrio social” que llama Galbraith entre el sector público deficiente y la opulencia del sector privado, llevará crecimiento…recordemos que sector privado y sector público se complementan y no se oponen, por ejemplo, pese a no tener beneficios ,los valores monetarios producidos, a través de los salarios de todo funcionario, benefician al sector privado en cuanto que estos consumen sus productos, y por tanto aumenta su producción ( la producción como la inversión depende de la propensión marginal a consumir). Además, en un escenario de drama social, sabiendo que la producción depende de la ocupación, no entiendo una alternativa como el decrecimiento (en términos de PIB), asi´como en términos de inversión,pues una transición a un modelo de desarrollo ecológico y sostenible necesita grandes inversiones en todos los sectores, tanto para ser más eficientes en términos de utilización de energía y mat.primas como para innovación de nuevas alternativas. Hay mucho por hacer, y comparto todas vuestras propuestas y motivaciones, pero el decrecimiento, tal y como se conceptualiza, en términos de disminución de PIB, no lo veo…ya lo dijo Simon Kuznets, Nóbel de Economía en 1971, “Hay que tener en cuenta las diferencias entre cantidad y calidad del crecimiento, entre sus costes y sus beneficios y entre el plazo corto y el largo. […] Los objetivos de “más” crecimiento deberían especificar de qué y para qué”. Por último, la falta de compromiso de todos los países para combatir este tipo de desarrollo insostenible, es un obstáculo muy importante, pasa a nivel ambiental como a nivel fiscal,laboral….la falta de cooperación es quizás el mayor de los problemas que tiene el mundo hoy, como pudiste ver claramente en Durban en diciembre de 2011 o de Rio en 2012, todas las asociaciones y la sociedad civil debemos apretar más en estas cuestiones, aunque haya que tomar decisiones que a corto plazo no nos favorezcan como país, si bien nos favorecen a todos a largo plazo, los gobiernos deben empezar a cooperar. Disculpa la extensión. Saludos, Esteban Cruz Hidalgo

    • Hola Esteban:

      La alternativa del decrecimiento no es la disminución del PIB. El decrecimiento no es otra cosa que un “eslogán publicitario”, un “término obús” que utilizamos para llamar la atención (y de hecho, funciona muy bien). En sociedad del crecimiento, el decrecimiento se llama recesión y conlleva sufrimiento social. Sin embargo, el crecimiento en una sociedad del crecimiento solo nos lleva al colapso ecológico. Por tanto, el decrecimiento aboga por una tercera vía que básicamente pasa por un cambio de paradigma donde la macroeconomía integre las variables ecológicas, donde la estabilidad y la prosperidad no dependan del crecimiento (que básicamente hoy a través del PIB es crecimiento de las cantidades) y donde la productividad del trabajo no sea el factor determinante. En este marco, es central superar definitivamente el PIB como indicador principal de riqueza, por ejemplo a través de indicadores construidos de forma participativa o gracias a debates deliberativos —locales, estatales y europeos— sobre qué es la naturaleza de la riqueza, su cálculo y su circulación (también es recomendable el indicador de la NEF, el happy planet index, ya que nos permite cambiar las gafas para analizar este mundo).

      Como lo indico también en el artículo, es importante desmercantlizar la sociedad y dar menos importancia al poder adquisitivo (sociedad del tener) y más importancia al “poder de vivir-bien” (sociedad del ser). El bienestar no depende solo de nuestra capacidad a poder comprar (hecho más que comprobado) sino también de nuestra capacidad a autogestionarnos, a contar con redes de apoyo y de solidaridad, a autoproducir y autonconsumir, a participar en la gestión pública diaria, a privilegiar en vez de la cantidad la calidad y la sostenibilidad, etc.

      Saludos.

  4. gracias florent una vez más por ir entrando a todos estos temas normalmente olvidados en la ecología y por dar una vision ecológica a tdos esos temas claves que se tratan sin perspectiva biofísica.
    Una duda: siempre he tenido la sensación q el sistema de pensiones actual tal y como está planteado no solo necesita crecimiento económico sino demográfico. Era uno de los fantasmas con las bajas tasas de natalidad en España preinmigración. No se si has abordado ya el tema del cecimiento demográfico pero sería otro tema a meterle mano.
    Una idea: podrá ser interesante la idea de servicios a la comunidad obligatorios (una mili social). Es una forma de complementar las trayectorias vitales de una sociedad de jornadas reducidas y periodos de trabajo (por abajo y por arriba) más cortos. En mi adolescencia era voluntario en una residencia tercera edad “caritativa” y fue una experiencia muy interesante a muchos niveles.
    Por ultimo y en la linea de V Navarro, un sistema de alojamiento asistido, residencias… universal para la tercera edad generaria mucho empleo no intensivo en energía y una economia de escala para el gasto publico interesante (como la actual sanidad pública, dificl dar tanto con tan poco, que miren el gasto per cápita en sanidad en EEUU y sin embargo el nivel de falat de cobertura).
    (he puesto en el fb del cric el texto.)

    • Hola Álvaro:

      Para las personas mayores, existen otras alternativas también muy interesantes. Por ejemplo, las cooperativas de vivienda donde prima a la vez la autogestión, solidaridad y economía de escala (un ejemplo aquí: http://masqueunacasa.org/experiencias/cooperativa-los-milagros-residencial-santa-clara).

      En cuanto al crecimiento demográfico, por supuesto es un factor importante tanto a nivel económico (hasta el momento compensado para las pensiones por el aumento de productividad y el crecimiento económico) como ecológico (véase la fórmula de Erlich I = PxAxT dnd I=Impacto de una especie -sea humana o no humana- depende de la P=Población, A=Acumulación en $ y T=Tecnología). Al mismo tiempo, es una variable con mucha inercia (es decir con poca margen de maniobra) y muy delicada, en un sentido u otro, en el debate político.

      Saludos.

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