Florent Marcellesi

Una política laboral ecológica

In ecología política, Economía on 14 noviembre 2011 at 8:30

Por Florent Marcellesi, miembro de la Comisión Gestora de Equo

Artículo de opinión en Público, 14-11-11

Hoy día existe una norma profundamente arraigada en nuestras mentes y hábitos: trabajar de forma remunerada a tiempo completo. Por qué negarlo, la jornada completa, agitada frenéticamente como señuelo aún más en tiempos de crisis y de desempleo brutal, supondría para las masas trabajadoras la plena integración social así como un poder adquisitivo a la altura de sus hipotecas bancarias y de la avidez promocionada por la obsolescencia programada y la publicidad. De hecho, según la Encuesta de Población Activa, la mayoría de las personas que trabajan a tiempo parcial afirma que su situación laboral de media jornada no se debe a su propia elección, sino a las necesidades de la empresa o a la situación laboral general del país.

Es cierto que el discurso dominante de las élites políticas y económicas ha allanado el camino. A la conquista del poder en 2007, el presidente francés Nicolás Sarkozy proclamaba que era prioritario “trabajar más para ganar más”. Mientras tanto, Mariano Rajoy no quiso parecer menos en su carrera a la Moncloa y, en una entrevista en marzo pasado al periódico El Correo, inauguró un desacomplejado “trabajar más y ganar menos”. La crisis económica terminó de asentar esta idea: Portugal, una de las dianas favoritas de los mercados y de las políticas de austeridad, ha decidido aumentar en media hora al día la jornada laboral en su sector privado. Para alimentar el crecimiento económico continuo y la promesa del pleno empleo, no quedan dudas ni alternativas ante la recesión: trabajar más (y consumir más) es un deber patriótico de la ciudadanía moderna.

Sin embargo, ¿saben los exegetas de la economía del crecimiento infinito que para mantener el nivel de producción y consumo anual tan solo se requiere que las personas activas dediquen al trabajo remunerado en torno a 25 horas de media a la semana? ¿Les importan las desigualdades ante el empleo que hacen que en España más de un 21% de personas estén desempleadas, un 13% trabaje a tiempo parcial y un 66% a tiempo completo (sin hablar de las millones de personas trabajadoras pobres y precarias)? ¿Saben que, sumando su trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres trabajan diariamente casi una hora más que los hombres? ¿Saben que España agotó su capital ecológico del año apenas llegado el 19 de abril (es decir, que este día su huella ecológica ya superaba su biocapacidad)? ¿Han pensado que si el 100% de la población activa trabajara a jornada completa en el modelo socio-económico actual, nuestro país produciría un 33% más, lo cual ni nos dejaría empezar el año siguiente con algún superávit ecológico?

Sean o no conscientes de ello, es indignante comprobar que están promoviendo políticas exactamente opuestas a los intereses de la gran mayoría de la ciudadanía y del planeta. En todo caso, no nos quedemos en la indignación: transformémosla en un compromiso positivo hacia una política laboral global y ambiciosa que sepa combinar justicia social y ambiental.

Primero, apostemos todos los sectores de esta sociedad por el reparto del trabajo. Es una de las soluciones más simples para mantener el empleo sin aumentar la producción, si se quiere ir hacia una economía próspera sin crecimiento. Dicho de otra manera, trabajar menos horas para trabajar más personas, a la vez que respetamos los ecosistemas y cumplimos con nuestras obligaciones climáticas internacionales. En esta senda, hablemos a través del diálogo social de una ley de 35 horas semanales y luego avancemos progresivamente hacia una mayor reducción de jornada para favorecer la compatibilidad entre vida personal, laboral y cívica, la igualdad entre mujeres y hombres, y la plena inclusión laboral de la mayoría de la ciudadanía.

En paralelo, incentivemos –y hago especial hincapié en los sindicatos– acuerdos voluntarios de reducción de horarios en las entidades privadas y públicas, racionalizando los horarios de trabajo tal y como propone la Comisión Española de Expertos. Tras años de constante aumento del trabajo remunerado tanto para mujeres como para hombres, la reducción de la jornada laboral es asimismo una apuesta por transformar los aumentos de productividad en tiempo libre no consumista (lo que implica en paralelo políticas sociales y educativas para salir de las lógicas de consumo de masas). Es hora también de favorecer el trabajo a tiempo parcial y el teletrabajo, siempre y cuando vayan acompañados de condiciones de trabajo dignas y salarios justos y suficientes, para evitar en cualquier momento la trampa de la pobreza.

Asimismo, si trabajamos menos tiempo y más personas desde condiciones laborales decentes, supone reducir las horas extraordinarias, combatir la precariedad laboral, la flexibilidad no deseada, los contratos basura, el estrés, la intensidad y los accidentes laborales, así como reforzar los derechos de las personas trabajadoras inmigrantes. Trabajar mejor es trabajar con criterios de calidad y el orgullo de ser útil a la sociedad. Esto significa también una transformación ecológica de la economía para desarrollar sectores ricos en empleo verde y poco intensivos en energía (agricultura ecológica, cuidados a las personas, economía social, energías renovables, etc.) y, al revés, una contracción para los que exigen mucha energía fósil y/o especulación financiera (industria manufacturera, sector automovilístico, pesca industrial, bancos y seguros, etc.). Lo que supone a su vez la reconversión laboral pactada y planificada de las personas trabajadoras –y de sus valiosos conocimientos– desde los sectores en contracción hacia los emergentes.

Ante la crisis y el desempleo de masas, nuestra generación necesita un cambio urgente de normas laborales: para vivir mejor hoy y para que las generaciones futuras puedan simplemente vivir. Una política laboral eficiente y compatible con la ecología y la equidad es por tanto un ejercicio de realidad a la altura de los retos sociales y ambientales del siglo XXI.

Ilustración de Iker Ayestaran

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  1. Bien dices, Florent.

    La razón que subyace al desempleo está en la esencia de la economía.

    El problema básico que la economía trata de resolver as la escasez de recursos. La economía es la ciencia de asignación de los recursos. Si los recursos fuesen infinitos, no habría economía.

    La economía tradicional considera tres grupos de recursos: tierra, capital y trabajo. Nuestro sistema económico trata de resolver este problema mediante el mercado. El juego de oferta y demanda otorga a los recursos un precio que se convierte en un coste para los productores, y se traduce en un precio en los mercados finales de bienes y servicios. De esta forma, al decidir sus compras, los consumidores finales deciden sobre la asignación de recursos. Aquéllos que son producidos con una combinación eficiente de recursos siguen en el mercado, y los que no lo son se quedan fuera.

    Pero el trabajo ya no es un recurso escaso, pues la cantidad de personas que quieren trabajar (o de horas de trabajo disponibles) es, en muchas regiones del mundo, muy superior a la que el sistema puede absorber. Para convertir el trabajo en un recurso escaso debe limitarse la cantidad de horas totales trabajables.

    La esencia de la economía también sirve para explicar el deterioro del medio ambiente. El medio ambiente (aire respirable, agua, biodiversidad, etc.) es escaso, pero no es considerado como recurso. Por tanto, queda fuera de la ecuación de mercado. Los precios no informan sobre la escasez del recurso medio ambiente, por lo que los consumidores tomamos las decisiones de compra independientemente de él. El Protocolo de Kioto trató de hacer efectiva la escasez del aire ‘de calidad’ limitando la cantidad que cada país puede contaminar, pero sus muchos defectos (principalmente, que no incluye a los dos países más contaminantes y que las emisiones se computan donde se producen y no donde se consumen los bienes asociados) anulan su efectividad. Actualmente no existe modelo macroeconómico alguno que integre efectivamente el recurso medio ambiente. En ausencia de restricciones, los usuarios de un recurso abierto (sin dueño) como el medio ambiente lo utilizarán más que si tuvieran que pagar por él. Consecuentemente, el único camino posible el medio ambiente es su continua degradación.

    En consecuencia, la economía de mercado actual sirve sólo a dos grupos de recursos: tierra y capital. En definitiva, al capital.

    Nos vemos en eQuo!
    Alejo

  2. que me dices de la jente que trabaja en economia ,,,sumergida,,la que tiene varios,,,empleos,,,la que esta cobrando prestacion de desempleo y tiene trabajo,,,
    no seria mejor repartir el trabajo.

  3. Aúpa Flo:
    Solamente replantear el orden de las apuestas a hacer: tu dices que primero repartamos el trabajo mediante leyes como el de las 35h semanales. Yo digo que primero debatamos la necesidad de repartir, el que hace la ley hace la trampa y creo que queremos cambiar algo más que la superficial política ¿no? Tras sensibilizarnos mediante el debate local y estatal (vinculantemente claro) lo segundo seria democratizar a la empresa con leyes que penalicen las sociedades anónimas e incentiven las sociedades cooperativas (herramienta fundamental para el reparto real de beneficios, responsabilidades, etc.). Y finalmente lo tercero seria la igualdad de sueldos entre trabajadores, empresarios y personas del trabajo reproductivo (no remunerado), todos con la misma oportunidad de cubrir sus necesidades.
    Ya me contaras.
    Besarkada andi bat.
    Mikel S.

    • Kaixo Mikel:

      Estoy totalmente de acuerdo contigo en la necesidad de un debate amplio en este sentido. De hecho escribía en el artículo siguiente https://florentmarcellesi.wordpress.com/2011/09/13/reducir-la-semana-laboral-para-afrontar-los-retos-del-siglo-xxi/ que tenemos que cambiar primero las expectativas a través por ejempo de una reflexión colectiva sobre la forma en la que utilizamos, valoramos y distribuimos el trabajo y el tiempo. Por ejemplo, es más que necesario un debate amplio, a nivel estatal y local, sobre lo que definimos como “riqueza” al igual que se empezó, aunque de forma limitada, en Francia (véase los trabajos de la comisión Stiglitz), Reino Unido o en la OCDE (con su indicador del “mejor vivir”).

      El cambio cultural y de mentalidad, mediante procesos participativos y deliberativos, son fundamentales para que cualquier ley pueda cuajar y articularse con un conjunto de otras reformas estructurales.

      Saludos!

  4. Me sorprende que en ningún caso ves en la implantación de la Renta Básica de Ciudadanía un camino muy directo para reducir la demanda de trabajo remunerado (y mejorar así su retribución. Otra ventaja de la RBC es que todos aceptarían una reforma a fondo del sistema fiscal (a lo que ahora se resisten pensando que mayores impuestos puede acarrear más corrupción, inversiones exageradas, etc) ¿Qué me dices?
    Sigue investigando y escribiendo (muy interesante tu análisis de la primera vuelta de las presidenciales francesas)

    • Hola Miquel:
      En mi blog, encontrarás varios artículos de apoyo y promoción a la Renta Básica de Ciudadanía desde la Ecología política (publicado en El Viejo Topo, la revista Ecología política, en el simposio de la Red Renta básica…): https://florentmarcellesi.wordpress.com/tag/renta-basica/
      En este artículo en concreto, más pegado al programa electoral que tenía Equo de cara al 20-N y que no proponía la RBC, no aparece aunque en estos momentos estamos trabajando a favor de la inclusión de la RBC como pata esencial (por ejemplo, en las últimas elecciones Equo Andalucía lo tenía como una de sus propuestas centrales).
      Saludos.

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