Florent Marcellesi

Integración del medio ambiente en la cooperación internacional: una tarea pendiente

In cooperación internacional on 10 julio 2009 at 20:40

c\_/Los seres humanos y las sociedades están íntimamente interrelacionados con la naturaleza. De los ecosistemas y de sus funciones los seres humanos obtenemos beneficios y servicios de provisión, de regulación, culturales y de soporte, los cuales a su vez posibilitan la vida en el planeta. Según la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (2005), el bienestar de la humanidad depende en gran medida de la diversidad biológica y de la salud de los diversos ecosistemas del mundo, ya que éstos contribuyen a cubrir las distintas necesidades humanas. En otras palabras, para conseguir la justicia social y ambiental y reducir a la mitad la pobreza mundial en el horizonte del año 2015 —y más adelante para asegurar la supervivencia de la especie humana en condiciones dignas—, es imprescindible incorporar las consideraciones de sostenibilidad en la teoría y praxis de la cooperación internacional de un modo decidido y mucho más claro de lo que se ha hecho hasta el momento.

Tal y como lo establecen los numerosos Acuerdos Multilaterales sobre el Medio Ambiente[1], preservar el planeta y sus ecosistemas, tanto en el Norte como en el Sur, debe ser un objetivo prioritario de las políticas públicas. En este sentido, la cooperación local e internacional desempeña un papel fundamental a la hora de construir alternativas que posibiliten la conservación de la naturaleza y de los bienes y servicios que los ecosistemas proporcionan a la humanidad. Una cooperación llevada a cabo a través de criterios ecológicos y participativos es una piedra angular no sólo para legar a las generaciones futuras un planeta sano y en paz, sino también para reducir la pobreza y las desigualdades actualmente existentes entre el Norte y el Sur. Al fin y al cabo, las generaciones futuras, la naturaleza y las poblaciones del Sur son los beneficiarios directos e indirectos que la cooperación al desarrollo debe tomar en consideración de forma integral y transversal en sus planes directores, programas y demás proyectos.

Sin embargo, el uso inadecuado y abusivo que se ha hecho y se está haciendo de estos servicios de los ecosistemas nos ha llevado a una situación de crisis ecológica mundial y a un deterioro medioambiental que profundiza las situaciones de conflicto y de inseguridad, así como los problemas de pobreza y desigualdad social inter- e intrageneracional. En esta situación donde la crisis climática y energética, la pérdida de biodiversidad, la deforestación o la crisis alimentaria se interrelacionan y retroalimentan, estamos superando los límites biofísicos de la Tierra. Dicho de otra manera, estamos superando la carga máxima que la humanidad puede imponer de modo sostenible al medio ambiente para que éste pueda sostener la actividad humana y regenerarse[2] sin provocar alteraciones irreversibles y totalmente imprevisibles (como puede suponer un calentamiento global de más de dos grados Celsius).

human and ecologiePor otra parte, en un mundo donde predomina la interdependencia ecológica Norte-Sur, el grado de crecimiento que han alcanzado los países del Norte no habría sido posible sin los recursos naturales y humanos de los países del Sur. Por lo tanto, dado que el desarrollo de los países enriquecidos se sustenta en buena medida en los ecosistemas de los países empobrecidos (los países del Norte han contraído una deuda ecológica con los países del Sur), la cooperación centrada en la conservación de los ecosistemas es algo más que una obligación ética de los países donantes: es una verdadera necesidad (González y otros, 2008)[3]. Por tanto es preciso evolucionar hacia un modelo de contracción y convergencia que permita en el Norte un decrecimiento selectivo y justo, de modo que se aliente, a través de vías únicamente democráticas, la contracción donde resulta necesario y el crecimiento donde es posible y deseable, principalmente en el Sur.

A nivel práctico, la sostenibilidad se tiene que integrar tanto de forma sectorial como horizontal en la cooperación internacional. Desde lo sectorial, la puesta en marcha de proyectos, cuyos principales objetivos son la lucha —y la mitigación— contra la crisis ecológica, se perfila como un eje estratégico de cualquier política de cooperación internacional adecuada a los retos ecológicos del siglo XXI. Para que esos proyectos adquieran el protagonismo que les corresponde, es de suma importancia que se considere la protección, conservación y mejora de los ecosistemas como objetivo en sí mismo de la cooperación internacional[4]. Por otra parte, es preciso asegurar de forma horizontal que, en los proyectos de cooperación que no tengan como eje central la conservación de la naturaleza, la sostenibilidad quede incluida de forma integral. Se trata de dar la misma importancia al medio ambiente que a otras cuestiones horizontales como el enfoque de género o los derechos humanos, y de considerar la temática medioambiental como una variable fundamental, equiparable a las otras temáticas clásicas de la cooperación. La transversalidad de la sostenibilidad implica que todos los planes, programas y proyectos (en todos sus ciclos: identificación, formulación, ejecución y evaluación) tengan en cuenta algunos conceptos y principios básicos que hemos definido: relación entre bienestar humano y servicios de los ecosistemas, respeto de los límites biofísicos, capacidades de regeneración y asimilación de los ecosistemas, redefinición de los conceptos de riqueza e indicadores adaptados[5], etc.

Esta integración del medio ambiente en la cooperación internacional implica un mayor impulso y compromiso por parte de las instituciones competentes (locales, autonómicas, estatales, europeas, etc.), así como un gran esfuerzo por parte de las asociaciones, entidades y personas que trabajan en el ámbito de la cooperación y del medio ambiente. Sin embargo, esta integración de consideraciones de sostenibilidad no sólo es posible sino también necesaria, por lo que una profundización en la reflexión teórica y la materialización práctica de la vinculación entre la sostenibilidad y la cooperación para el desarrollo ayudará a sentar las bases para la convergencia del Sur y del Norte hacia un escenario global de justicia ambiental y social. Ante esta tarea pendiente en el mundo de la cooperación, es hora de apostar por una cooperación para la sostenibilidad.

Florent Marcellesi es miembro de Bakeaz.

Este artículo se basa en el estudio de Florent Marcellesi e Igone Palacios, Integración de consideraciones de sostenibilidad en la cooperación para el desarrollo, número 88 de la colección Cuadernos Bakeaz.

Artículo publicado en Euskal Fondoa.


[1] En la actualidad se encuentran en vigor más de 250 acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente, entre los cuales destacamos los siguientes que tienen que servir de referencia para este trabajo: Convención sobre los humedales (1971), Protocolo de Montreal (1987), Convenio de Basilea (1989), Convención marco de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (1992), Convenio sobre la diversidad biológica (1992), Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación (1994), Protocolo de Kioto (1997).
[2] El Informe Planeta Vivo 2008 de WWF (2008) afirma, por ejemplo, que la huella ecológica de la humanidad se ha duplicado con creces desde 1961, excediendo en la actualidad en casi un 30% la capacidad del planeta de regenerarse.
[3] J.A. González, C. Montes, I. Santos y C. Monedero (2008): «Invirtiendo en capital natural: un marco para integrar la sostenibilidad ambiental en las políticas de cooperación», Ecosistemas. Revista Científica y Técnica de Ecología y Medio Ambiente, 17 (2), 52-69.
[4] Se considera necesario que una cuantía sustancial de la Ayuda Oficial al Desarrollo a todos los niveles se dedique exclusivamente a lo que podríamos denominar la «cooperación ambiental» y que un porcentaje determinado de los proyectos de cooperación que se lleven a cabo (los autores del estudio proponemos un 20% del total) esté específicamente dirigido al cumplimiento de los acuerdos multilaterales de medio ambiente.
[5] Por ejemplo, a nivel macro el Índice de Desarrollo Humano (IDH) no es para nada suficiente porque no tiene en cuenta la problemática ambiental y al cruzarlo con la huella ecológica vemos que casi ningún país se acerca a un modelo de región ecológicamente eficiente (IDH superior a 0.8 y huella ecológica inferior a 1).

Créditos de imagen: CARLOSWEICK y SantiMB. Imágenes pertenecientes al grupo de flickr del proyecto Ecopoética de Jóvenes Verdes.

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